La puerta del callejón sin salida
Cuando empecé mis andaduras a través de este blogorelato, nunca imaginé que podría llegar a desaprender tanto en tan poco tiempo. Porqué lo díficil no es aprender sino olvidar lo aprendido, deshacer cada nudo, empezar a dudar de tus más firmes pensamientos. Decidí compartir mis ideas y la red me brindó su respuesta, sin embargo no como esperaba. El propósito era ordenar pensamientos y enriquecer puntos de vista. Sin darme cuenta, me encontré vagando hacia territorios desconocidos. Mis ideas entraron en contradicción consigo mismas, acabé enjaulado en un callejón sin salida.
Todo empezó cuando apareció alguien que respondía por el singular nombre de la Abeja Azteca. Sus comentarios cuestionaban que yo fuera un virus inofensivo. Era el agradable picotazo de un aguijón que no hacía más que afianzar y alimentar mi alegato. Me sabía vencedor de ese juicio en el tribunal de la opinión pública al que he sido sometido. En el mes de abril yo aparecía en la televisión como Belcebú, el señor de las tinieblas. Un leviatán para un nuevo milenio ávido de un demonio homologado por criterios científicos. En las calles extrañamente vaciadas del aliento vital de México DF, irrumpian los jinetes del apocalipsis. En la lejanía se escuchaban los ecos de la epidemia de 1.918. Ahora con la entrada del otoño en Europa, como un espejismo se ha desvanecido toda esa realidad virtual generada en los medios de comunicación. ¿Dónde están ahora los agoreros que vaticinaban un escenario de millones de muertes? Las estadísticas no mienten, sólo los pronósticos.
A principios de julio apareció otro alguien con el alias de la Hormiga Horacio. Obviamente se trataba de la misma persona, un alter ego de la consciencia abejil que había escrito los anteriores comentarios. Al principio mostré mi oposición a su forma de pensar. No obstante, progresivamente sus argumentos hicieron mella. Sus ideas no me eran en absoluto ajenas, había reflexionado sobre todo eso en el pasado. En cierta forma compartía ya esa visión de la biología. Si no había profundizado más al respecto, es porqué entraba en conflicto con otros pensamientos sólidamente establecidos en mi mente. Ahora alguien me presentaba todas esas ideas de forma clara y ordenada, las confrontaba con las mías. Me dejé convencer sin saber muy que significaba eso, navegando hacia terra incognita. Empecé a escribir sobre sus conceptos con mis propias palabras y los resultados eran prometedores. Luego sin saber muy bien porqué todo acabó en un callejón sin salida. Como un choque de trenes, sus ideas colisionaron frontalmente con las mías. Aceptarlas suponía entrar en contradicción.
Sin embargo, a veces es necesario abrazar la contradicción para alcanzar nuevas metas. En ese callejón hay una puerta y ahora sé como abrirla. Ahora sé, Hormiga Horacio, como tus ideas pueden ser compatibles con las mías. Espero poder escribir pronto ello, y como no espero tu respuesta.








